España-Lituania: Adictos a las sustancias

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Déjenme que les cuente algo. Resulta que por motivos de trabajo no pude ver el partido el domingo. Así que, como soy un hombre de recursos, lo deje todo preparado. El pincho USB listo para grabar y todos avisados en casa para evitar que nadie me contara nada. Además, mis compañeros estaban también prevenidos y como tampoco quieren que yo les desvele el pastel cuando hay futbol, pues… como que lo tenía todo controlado. Total, que llego a casa, reviso que este grabado el partido, me pongo cómodo y me  voy a la cama evitando cualquier telediario  o cualquier fuente de información, que me desvele el resultado final; hasta que, sin comerlo ni beberlo, una persona muy querida por mí, pero a la que nunca le gustó el baloncesto, ni fue a ningún partido de los que jugué, que no sabe ni quien es Navarro, ni Reyes, ni ningún jugador del universo basket, salvo Gasol, pero, claro, ¿quién no conoce a Gasol?; me llamó para felicitarme por la victoria. Yo puse cara de circunstancias y tuve los suficientes reflejos para evitar que me contara el resultado (del mal hecho, el mal menor). Hablando con ella, me enteré de que no había visto el partido (por supuesto), pero que al llegar a casa le había picado la curiosidad y había puesto el teletexto para saber que había pasado. Habíamos ganado y ella estaba tan contenta que quería compartir mi felicidad y su felicidad conmigo. Aun, así, me contuve y me guarde de ver el partido hasta el lunes. Me fui a la cama preguntándome por qué alguien al que le importa un pimiento el baloncesto, que solo fue a ver un partido de los que he jugado (y por compromiso, que si no, ni de coña) y qué solo pone el futbol para entretenerse cuando no hay otra cosa en la tele, me felicitaba.

Durante parte de la primavera y parte del verano, han estado poniendo en la 2 un programa sobre el cerebro. Se llama BrainGames y es bastante entretenido. Yo no lo había visto nunca, pero por lo visto es una reposición. La verdad es que me he perdido pocos programas y después de verlos casi todos, hubo dos que me llamaron mucho la atención. En uno decían que cada vez que recibimos un email, o alguien da al “me gusta” en Facebook o al retwitt o al favorito en Twitter, o simplemente recibimos información a través de un periódico o de un programa de TV o de internet, o cuando nos cuentan un cotilleo; generamos dopamina. La dopamina no es más que una sustancia que genera de forma natural nuestro cerebro y cuya función principal es proporcionarnos placer en actividades que nos permiten la supervivencia. Es decir, si alguien me cuenta que ahí hay un rebaño de mamuts, entonces genero dopamina, o si alguien me dice que allí hay bayas comestibles, entonces, igual, genero dopamina. Además, también se genera cuando perteneces a un grupo o te asocias con alguien en una tarea común y, por supuesto, también la generas cuando obtienes un buen resultado, como cuando encuentras alimentos o ves una pareja proclive para procrear. Sin embargo, lo más importante de la dopamina no es que genere placer, sino que el cerebro tiene memoria de la cantidad de dopamina que ha generado ante tal o cual actividad para que sepas que tienes que volver a hacer lo que has hecho y hacerlo constantemente para sobrevivir. Para ello la dopamina, y esto es lo fundamental, crea adicción. Es una sustancia altamente adictiva, que genera placer, relaja y cuya cantidad generada por actividad queda registrada en el cerebro.

La otra idea que se me quedó grabada, de un programa sobre la agresividad, fue que, cuanta más hambre tenemos, más agresivos somos. De tal forma que si alguien nos asusta y tenemos la panza llena, lo normal será que huyamos, pero, si la tenemos vacía, lo normal será que respondamos al ataque y agredamos nosotros también.

Quizás por eso, cuando las cámaras de TV enfocaron a Gasol cuando sonaba el himno, la cara que tenía ya no era la misma que la del día contra Francia. Ahora tenía la cara contenida y el rictus del que tiene hambre y sabe que debe estar concentrando para cobrar definitivamente su presa; porque, aunque ganar a Francia ha sido unos de los eventos que mas dopamina ha generado en este país, tanto a seguidores, como a los no habituales del baloncesto, ese no era su objetivo. Tal vez por eso, nada más empezar el partido, Llull era el encargado de llevar la batuta y de conseguir los puntos necesarios para poner a la selección por delante en un marcador que les sería favorable en todo el partido. Y después de Llull fueron Rudy y Mirotic, hasta que en el minuto 5 del primer cuarto Gasol hace su primera canasta. Tal vez porque sabía que para cobrar su presa debía pasar a un segundo plano y debía dejar que fueran otros los que cazaran. O tal vez, porque en su impronta ya estaba registrada la suficiente cantidad de dopamina posible generada en este Eurobasket para saber que ahora no es un aspirante a estrella o una estrella, sino que es un maestro (de maestros) cazador en múltiples partidas de caza(…)

Y así, según iba el partido encarrilado y hacia delante, todo el mundo que estaba hambriento empezó a generar dopamina. Los futboleros porque no segregaron nada de dopamina cuando la debacle del mundial de futbol y, como habían generado mucha cuando el mundial de Sudáfrica, ahora necesitaban su dosis. Los que siguen el tenis porque hace mucho que Nadal no gana y necesitaban también su dosis. Los de la F1 porque Alonso ya no genera dopamina. Etc. Etc. Uno por uno, todos y cada uno de los ciudadanos de este país, que por hache o por be, hace mucho tiempo que no generan torrentes de dopamina con los que darle al cerebro su dosis recibieron su cuota, hasta llegar a los del basket. Si, a nosotros, que no generamos dopamina desde los JJ.OO. de Londres, cuando estuvimos a punto de ganar a EE.UU. porque en 2013 y 2014 nos vendieron un jamelgo por un caballo andaluz (comprenden el chiste ¿no? Pues eso. Es lo malo de la ausencia y el chute de dopamina… que, cuando lo recibes, te hace creerte -más- mejor y más gracioso).

Por eso el líder de un pequeño grupo de guerreros se convirtió durante dos horas (y probablemente durante mucho más tiempo) en el líder de 8 millones de personas. De la cuales seis de cada ocho (mas o menos) no volverán a ver o saber nada de baloncesto en mucho tiempo, pero que guardaran esa foto del periódico o ese video o esa imagen de internet a buen recaudo para mantener vivo el registro en la memoria de la dopamina segregada, hasta que lleguemos a la final de Rio y se vuelvan a conectar a un deporte, que les importa un pimiento, solo por recibir de nuevo su dosis dopamínica.

Pero no soy yo el único que lo sabe. Los políticos saben perfectamente que esto se produce en el ser humano. Por eso, en los momentos de la celebración, estaba el Rey (que me parece muy bien que este. A fin de cuentas representa a la nación, y si la institución está en horas bajas es bueno que se relacione con altas dosis de dopamina), junto a  personajillos raros como el presidente del COE, que no pintaba nada en esa película y cuya gestión siempre se ha puesto en entredicho. Tal vez por eso José Luis Sáez no aparece en las fotos, porque sabe que nos privó de nuestra dosis de dopamina el año pasado y el anterior, y verle en la foto sería recordar un hecho funesto y hacerle parecer interesado. O tal vez se lo quitaron de un plumazo los que luego abrieron los telediarios de la tres de la tarde con su presencia en la celebración de la selección. Porque, en los telediarios,  no fue la seleccion o el partido o la entrega de medallas la que los abrió, sino que fue la celebración. Curioso ¿no?

Una dopamina, por cierto, que los del baloncesto nos tenemos muy bien ganada y que pertenece única y exclusivamente, y por entero, a todos esos muchachos que llenan los campos de baloncesto con el único objetivo de emular a sus estrellas y de divertirse jugando a esto llamado Ba-Lon-Ces-To. O a esos padres que llevan a sus hijas a su primer entrenamiento con la ilusión de quien transmite su arte a la siguiente generación. O  a esos jugadores jubilados que jugaron en campos helados en los fríos inviernos y que tenían que quitar el hielo de los campos de grava con el calor que producían sus John Smith cuando las frotaban contra los charcos congelados. O a esos jugadores que se emocionan cuando reviven todo lo que han sufrido por seguir jugando, cuando podían haberse vuelto a casa con un chaleco ortopédico para mejorar su lesión. O a esos comentaristas que son más malos que la quina, pero que cuando se despiden se acuerdan del mejor comentarista de baloncesto que ha tenido este país y lloran. O a esos aficionados que juegan al supermanager para estar más cerca de un deporte que les apasiona. O a esos chavales que no saben si seguir jugando o ponerse a entrenar y abandonar sus aspiraciones como jugador por arriesgarse en una actividad que le seguirá uniendo a su pasión. O a esos muchachos (hombres ya) que tienen que dejar de jugar todos los días con sus amigos porque ha llegado el momento de ponerse a trabajar. O a esos expresidentes de clubes que luchan para volver a la presidencia y arrancar a los buitres, que arrasan con las subvenciones que recibe el club y que ahora  cobran a chavales por aprender un deporte por el que nunca    —jamás— se cobró nada. O a esos aficionados que solo buscan que al menos la dignidad de su club, tanto tiempo arrebatada, se mantenga a salvo. O a esos escritores que tienen un blog o una web de baloncesto desde hace años y desde la que tratan de embellecer, aun más, con la palabra este deporte y que no reciben el reconocimiento, que les corresponde (en este apartado yo no me incluyo porque acabo de empezar). O esos chavales ( y estos son los mas importantes), que han aprendido a jugar en el patio de un colegio porque un jugador, que antes fue un alumno del colegio, decidió que era lo justo y que era la forma de devolver la deuda contraida con el baloncesto; y que ahora entrenan a otros chavales, porque así se lo transmitieron y porque aman este deporte, dandole la continuidad que necesita.

El resto de los que se enchufaron al partido no son mas que vampiros de dopamina.

(…)Y los pobres lituanos, que contra Serbia lo bordaron, se sintieron incapaces de hacer nada porque no puedes hacer nada contra un equipo que va puesto de dopamina hasta las trancas y que te rebasa en mentalidad en este juego, que llamamos baloncesto, pero que tiene mucho de azar. Y así hasta que el maestro de maestros dijo que ya estaba bien y dio por finiquitado el partido, el torneo y la cosa, con un triple. Digno broche final a quien lo ha sido todo, incluso más que el propio torneo a nivel europeo y mundial, en este Eurobasket 2015.

PD: Me pregunto si no habré metido la pata al no contarles el partido y a lo mejor están un tanto defraudados (no se preocupen, ya hablaremos de él mas adelante y de todo el torneo tambien, porque hay mucho que decir). Pero es que no quiero privarles de su propio residuo de dopamina, por lo menos durante el tiempo que duren sus efectos. De otro modo, me odiarían igual que al presidente de la FEB.

Orofino33

En twitter @orofinosincausa

Un comentario en “España-Lituania: Adictos a las sustancias

  1. Creo que la frase final sobra. Yo no lo odio. A veces me parece mal lo que hace, otras bien y otras regular. El artículo está buen, pero al final lo has estropeado. IMO

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