España segunda de grupo: Una noche con Monica Bellucci.

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Había ido yo con mi novia y su sobrina de cinco años a las fiestas de Fuentealbilla, pueblo conocido por todo el mundo por estar en Albacete, y paseábamos por la feria. Mi novia se fue con la sobrina a los caballitos para niños y yo me quedé en una tómbola por pasar el rato. El tombolero se dirigió a mí y me ofreció unos boletos benéficos, cuyo premio era un osito de peluche. Costaban 10€, pero el lotero me advirtió que, como eran benéficos, Mónica Bellucci era la imagen de la campaña y que por 40€ más podía cenar y pasar una noche con ella en Paris. Yo le pregunté que si podría hacer todo, todo, lo que quisiera y él me respondió que “garantizao”. Compré 4, cuatro boletos exactos, y me regaló uno de propina. Al mes siguiente fue el sorteo y me tocó. Salté de alegría y le dije a mi novia que me tenía que ir a Paris a una cata especial de cepillos de escoba, que es la profesión a la que me dedico. Ella me dijo que si era en Paris que la llevase y yo le dije que se iba a aburrir, pues los catadores de cepillos somos gente aburrida y ella lo sabe. Total que allí estaba yo, esperando en el restaurante, donde me había dicho la organización, que me había vuelto a asegurar que la noche estaba garantizada porque era una causa benéfica, que cenaría con Mónica. Cuando ella apareció la vi bellísima, como siempre la había visto en la pantalla. Me levante y me acerque. La di tres besos a la francesa y eché su silla hacia atrás, como había visto hacer en las películas, para que se sentara.  Yo estaba excitadísimo hasta que, cuando ella puso las manos sobre el mantel, lo vi. Ahí estaba, en su mano, en su dedo anular… el puto anillo. Resulta que tengo una manía: nunca salgo con mujeres casadas. Es un principio, el único que tengo, inquebrantable que nunca violo por razones de imagen, no vaya a ser que me vean en Fuentealbilla y luego vayan diciendo. Y Mónica estaba casada. Cenamos, charlamos, nos reímos y paseamos por el Sena. Cuando estábamos en uno de los puentes, ella me preguntó si quería ir a un hotel y cobrar el premio completo. Yo le dije que no, porque soy muy fiel a mis principios y porque no fuera a ser que me viera alguien de Fuentealbilla, y ella agradeció mi caballerosidad con un beso en la mejilla. Cuando nos despedimos en aquel puente, me dijo que ojalá todos los hombres fueran como yo y cogiendo su anillo de casada lo lanzó al rio. Le pregunté que por qué había hecho eso y me dijo que se acababa de divorciar y que lo llevaba para protegerse de los hombres, pero que yo le había devuelto la fe en el género masculino y que ya no lo iba a volver a necesitar. Aquella noche lloré de rabia. Pero sigo viviendo al lado de Fuentealbilla.

La selección se ha clasificado y nos vamos a Francia. Lo hacemos segundos y con muchos apuros tras la intratable Serbia, que estaba en todas las quinielas como favorita para llegar a la final seguida de la selección, que también estaba como favorita, aunque ahora las apuestas ya no se pagan 3 a 1, sino 5 a 1 igual que a Grecia. Y estaba como favorita por dos razones: la presencia de 4, cuatro, jugadores del Madrid más Mirotic a los que les había tocado la suerte de la tómbola porque Pau Gasol había asegurado su participación en el europeo.

No soy del Madrid, lo confieso, pero no soy tonto. Finalizado el ciclo de los juniors de oro tras la debacle del mundial, las suertes pasan por donde están los campeones de Europa, que desplegaron el año pasado uno de los mejores baloncestos que se han visto desde hace muchísimo tiempo y a los que la rotura en el dedo de Rudy les privó de mayores éxitos. Jugadores que lo dan todo en la cancha y que son gente normal. Que viven cerca de Fuentealbilla y que no tienen el glamour, que se gasta en la NBA ni en las calles céntricas de Milán, porque se dedican a su oficio: catar cepillos de escoba con los que barrer la pista a toda velocidad.

Y, salvo en el partido contra Turquía, el juego ha sido más bien pobre, lento y pesado. Como se ha vuelto el juego de Pau Gasol, que ya no corre ni defiende. Sin embargo, Pau es Mónica Bellucci y su título de máximo anotador español de todos los tiempos en un europeo, y tercero de los jugadores de toda Europa tras Parker y Nowitzki, así lo atestigua.

Pero, por el momento, se cuestiona a jugadores como Llull, al que parece que se le busca saber si está deprimido porque el clima alemán no es tan soleado como el de Madrid o porque tiene una china en la zapatilla que le pica constantemente y que no le deja jugar como sabe. Lo mismo para el Chacho o para Rudy, aunque este tiene dolencias en la espalda. Cuando, la verdad, es que no corren, no corren y no corren, fundamento esencial del Madrid de los éxitos: barrer la pista a la máxima velocidad posible haciendo que la acción ofensiva empiece desde que el base recibe el balón tras un rebote o después del saque fondo tras una canasta. El Madrid ataca desde el primer bote y luego si no puede se lo piensa. La selección se lo piensa y se lo piensa, espera que Pau se coloque, y luego ataca con Monica Bellucci como estrella principal.

La cuestión es clara. Nos vamos a Francia y nos vamos a cenar con la Bellucci. Pero la historia no es tan simple, ya que en el camino de ida de los cuatro madridistas desde Fuentealbilla se les unió el 22 de mayo Scariolo. No, no se confundan no es que Scariolo les convocase, es que Sáez  le dijo a Scariolo que se pegase y se fuera también a cenar con ellos a Paris.

Porque la cuestión es muy simple visto el juego desarrollado y la poca alegría que hay: les ha tocado el premio de cenar en Francia con Pau Gasol, pero en el camino se les ha unido una carabina que tiene reparos en acostarse con jugadores que llevan un anillo llamado Pablo Laso.

Orofino33

En twitter @orofinosincausa

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